Cómo el niño puede aprender y desarrollarse

Foto: Arquivo Pastoral da Criança

¿Las personas de la familia animan al niño a jugar y juegan con él?

A esta edad, al niño todavía le gusta quedarse todo el tiempo con los padres. Si no los ve, los echa mucho de menos. Por eso, busca los objetos que ellos usan e imita lo que ellos hacen, cuando juega al “imagínate que”. El niño también comienza a querer hacer todo solito, hasta aquello que no puede. El juego de “imagínate que” es importante porque permite que el niño haga jugando lo que no puede hacer de verdad. Y así, empieza a aprender a reconocer y a aceptar sus propios límites y la ausencia de los padres.

Para jugar al “imagínate que”, el niño todavía necesita los propios objetos o juguetes que se parezcan a los objetos. Los padres y las personas de la familia le pueden hacer juguetes, como muñecas, sartenes, ollas, muebles, carritos, tambor. Es necesario también jugar con el niño, pues todavía le gusta jugar un poco con los adultos.

Foto: J. R. Ripper

A esta edad, el niño pregunta el nombre de todo, pues descubrió que cada cosa tiene su nombre. Saber el nombre de las cosas le ayuda a pensar en cosas que no ve. En otras palabras, si el niño dice “pelota”, sabe de qué está hablando sin necesidad de ver la pelota.

Si las personas de la familia tienen el hábito de conversar con el niño y de escuchar lo que quiere decir, él aprende a hablar cada vez mejor, usando frases con más palabras como: “¡Mira el perro bonito, papá!”

El niño puede aprender oraciones cortas y a rezar junto con los padres a la hora de comer, antes de dormir, al despertarse. También puede aprender su nombre y el nombre de los padres y hermanos.

El niño ya consigue prestar atención durante más tiempo. Los padres, abuelos y tíos pueden contarle historias de la Biblia, de revistas; contarle cosas de la familia. Estas actividades le interesan al niño y desarrollan su lenguaje y pensamiento. Aprende muchas cosas en los dibujos, en las fotos y viendo palabras escritas.

Foto: J. R. Ripper

Al niño le gusta cada vez más jugar con otros niños, pero todavía se pelea por los juguetes, porque piensa que todo es suyo. Dice “es mío” o “es mía” a todos los juguetes, y se enfada cuando no consigue lo que quiere. Conversar con él para intentar convencerlo para que cambie su modo de actuar es la mejor manera de ayudarlo a aceptar sus límites.

El niño necesita espacio, pues está siempre en movimiento. Sube y baja de las cosas que son bajitas, salta con los dos pies al mismo tiempo. También le gusta pasear con la familia, jugar en el patio de la casa o en la plaza con otros niños.

Atención Se debe tener cuidado para que el niño no salga solito a la calle. Cuando los padres salen con él, deben darle la mano para evitar accidentes

Foto: J. R. Ripper

Al niño le gusta cada vez más jugar con otros niños, pero todavía se pelea por los juguetes, porque piensa que todo es suyo. Dice “es mío” o “es mía” a todos los juguetes, y se enfada cuando no consigue lo que quiere. Conversar con él para intentar convencerlo para que cambie su modo de actuar es la mejor manera de ayudarlo a aceptar sus límites.

El niño necesita espacio, pues está siempre en movimiento. Sube y baja de las cosas que son bajitas, salta con los dos pies al mismo tiempo. También le gusta pasear con la familia, jugar en el patio de la casa o en la plaza con otros niños.

Atención Se debe tener cuidado para que el niño no salga solito a la calle. Cuando los padres salen con él, deben darle la mano para evitar accidentes.

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Foto: J. R. Ripper

¿Las personas de la familia enseñan, sin violencia, lo que el niño no puede hacer?

El niño ya ha aprendido a hacer muchas cosas, y ahora quiere mostrar que tiene voluntad propia. Por eso, dice “no” a casi todo. Sus respuestas predilectas son “no quiero”, “no voy”. También es curioso, pregunta mucho, quiere tocar todo, ir de un lado a otro. Ante estas situaciones, los adultos pueden perder la paciencia.

Pero el niño necesita reconocer límites y aprende que hay ciertas cosas que no debe tocar, pues se puede lastimar, porque las puede romper, o porque son de otra persona. El adulto le debe explicar, con calma y firmeza, pero sin violencia, lo que puede y lo que no puede hacer.

El niño que aprende siendo golpeado también aprende a golpear y pegar. Una paliza es violencia, y muestra que el adulto ha perdido el control de la situación.

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También son formas de violencia: no cuidar al niño, no atenderlo cuando llora, no conversar con él, asustarlo, amenazarlo. Un niño desatendido, que sufre abuso sexual o que es agredido, pierde la confianza en las personas, es tímido, callado o agresivo. Cuando un niño es criado con violencia, aprende a convivir con la violencia.

La mayor parte de las agresiones contra el niño ocurren dentro de la casa y son practicadas por personas de la familia. Muchas veces la violencia aparece porque la familia está pasando por un momento difícil; otras veces, porque el niño se pone muy inquieto y rebelde porque no tiene oportunidad de jugar o porque no recibe atención.

En cada familia, en cada comunidad, las personas tienen, antes que nada, el deber de buscar juntas, con diálogo, las soluciones para proteger al niño de cualquier tipo de violencia. Pero, en los casos muy graves, de abusos o malos tratos, se debe avisar al Consejo Tutelar o a cualquier otro tipo de servicio público de protección a la infancia.

“Educa a tu hijo a través del diálogo, del cariño y del apoyo y, ¡ten cuidado!: quien castiga para enseñar está enseñando a castigar.” 4º Mandamiento para lograr la Paz en la Familia